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Dr. James Vallejo Quintero M.D - Metabolismo y Nutrición ACSM - USA.

EL SÍNDROME METABÓLICO

Según el tercer informe nacional de Salud y Nutrición, realizado en EEUU, el 25% de la población padece este trastorno, el síndrome metabólico, un conjunto de patologías que, unidas, pueden causar más daño que si se presentaran en forma individual.

La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Estadounidense de Endocrinólogos Clínicos estiman que se puede establecer su diagnóstico cuando se presenten de manera conjunta diabetes, dislipidemia, hipertensión arterial, insulinorresistencia y obesidad. En la práctica, cuando un paciente presenta al menos tres de los estos factores, ya se puede diagnosticar la existencia del síndrome, que provoca un mayor riesgo de sufrir un ataque cardíaco o una enfermedad arterial coronaria, y cuyo tratamiento se basa especialmente en la prevención y unos hábitos de vida saludables.

Fue un médico, Gerald Reaven, quien en 1988 definió como síndrome metabólico a una serie de factores de riesgo coronario que incluían la intolerancia a la glucosa, hiperinsulinemia, hipertensión arterial y un perfil lipídico alterado con un aumento de los triglicéridos y un descenso de las lipoproteínas de alta densidad (HDL). Estudios posteriores han mostrado que se pueden agregar otras alteraciones como la obesidad abdominal, la presencia de lipoproteínas de baja densidad (LDL) pequeñas y densas, y un incremento en las concentraciones de ácido úrico.

Las causas

Muchos investigadores creen que este trastorno es genético y se transmite de una generación a la siguiente, y son mayores las posibilidades de padecerlo si se tienen enfermedades como la diabetes y la hiperinsulinemia. El origen de este trastorno está también en el estilo de vida actual, con unos hábitos de alimentación incorrectos y un escaso ejercicio físico, a lo que se puede sumar un elevado nivel de estrés. Es un hecho cierto que padecer este síndrome está relacionado con un incremento significativo del riesgo de diabetes, enfermedades coronarias y enfermedades cerebrovasculares.

El trastorno metabólico afecta cada vez a un mayor número de personas y, según muestra el tercer informe nacional de Salud y Nutrición realizado en EEUU, el 25% de la población lo padece. Los datos de prevalencia son también preocupantes, de un 24% en adultos menores de 20 años, de un 30% entre los adultos menores de 50 años, y del 40% en los menores de 60 años.

Los síntomas

Estos serían una conjunción de ciertos factores, como la obesidad central, la intolerancia a la glucosa, la diabetes tipo II, niveles elevados LDL y triglicéridos, niveles bajos de HDL e hipertensión arterial.

Las variables o factores de riesgo relacionados más estrechamente con el síndrome metabólico incluyen la edad (las probabilidades aumentan con la edad), el origen étnico (afroamericanos y mexicanos son más propensos a desarrollarlo), el índice de masa corporal superior a 25 (sobrepeso), antecedentes familiares o personales de diabetes, el tabaquismo, tener antecedentes de beber en exceso, el estrés o el estado postmenopáusico.

El síndrome metabólico, además, puede provocar la aparición de varios trastornos de diversa índole como el síndrome de ovario poliquístico, hígado graso, los cálculos biliares por el colesterol, asma, alteraciones del sueño e incluso algunos tipos de cáncer. Por ello es muy importante diagnosticar con rapidez la presencia de este trastorno.

Tratamiento

La pérdida de peso tiene una importancia fundamental y diversos estudios han demostrado que incluso una reducción moderada de peso está asociada a una mejoría significativa en la hipertensión, dislipemia y niveles de glucosa. Los expertos aconsejan una baja ingesta de grasas saturadas, grasas trans y colesterol, así como una reducción en la ingesta de azúcares simples. Por el contrario, debe aumentar el consumo de frutas, de vegetales y de granos enteros. Más controvertida es la cuestión relativa a la cantidad de hidratos de carbono que se deben ingerir y las grasas no saturadas, y mientras algunos investigadores están a favor de una baja ingesta en grasas, otros recomiendan dietas con alto contenido graso. Lo que no duda ningún experto es en recomendar a sus pacientes que eviten los dulces y golosinas, que dejen de fumar y reduzcan el consumo de bebidas alcohólicas.

A una dieta sana hay que añadir, además, la práctica de ejercicio físico aeróbico, de forma regular, sobre todo caminar, siempre que no existan complicaciones mayores que lo desaconsejen. Sólo se debe prescribir medicación cuando el resto de medidas son insuficientes.

PILARES BASICOS

Para valorar el papel de la nutrición como elemento terapéutico, debemos retomar el concepto de enfermedad.
Según Reckeweg, la enfermedad no es sino el intento del organismo de defenderse de las homotoxinas endógenas o exógenas. Para ello utiliza los mecanismos de la excreción, reacción (inflamación, fiebre...) y deposición. Nosotros cuando nos referimos a estos primeros estadíos, hablamos de enfermedades de ajuste.

Cuando la enfermedad avanza se expresa como resultado de daños tóxicos que igualmente, el organismo intenta compensar con el fin de restablecer en lo posible la homeostasis. Así, cuando estamos a la derecha del corte biológico, hablamos de las fases de impregnación, degeneración y neoplasia donde observamos daños estructurales a nivel celular.

Podemos considerar el organismo humano como un sistema de flujo controlado cibernéticamente. Las sustancias tóxicas que ingresan en el sistema activan sus mecanismos de defensa con la finalidad de restablecer el equilibrio de flujo alterado. Así la enfermedad sería la manifestación de los mecanismos de defensa.

En la medicina sintomática, los medicamentos son: antagónicos, de sustitución, de aporte, de supresión, de compensación, de tipo placebo... y así podemos “neutralizar” el dolor, las convulsiones, hacer que el páncreas “funcione” cuando no produce insulina... es decir, con la visión sintomática estaríamos sólo “parcheando” al paciente.

Por el contrario, la Medicina Biológica con sus diferentes métodos terapéuticos, como son: la nutrición, los preparados antihomotóxicos, la terapia neural, los preparados ortomoleculares (antioxidantes), los elementos probióticos... tendría una finalidad biológica. Estaríamos hablando de una medicina no sintomática sino causal.

Curar sería restablecer ese equilibrio interno, liberar al organismo de homotoxinas, volver a poner en funcionamiento los sistemas enzimáticos bloqueados... en una palabra, crear las condiciones de homeostasia que se definen en la salud.

La salud

La OMS define la salud como el bienestar físico, psíquico y social.

Podemos explicar también el concepto de salud como un estado de armonización activa con nuestro medio ambiente, un estado de disfrutar con muchas otras personas, en una constante creatividad y progreso.

Podemos igualmente definir la salud de una forma cuantitativa utilizando elementos de medida que nos dan la biología, la química y la física.

Podemos medir las constantes del medio interno que definen la homeostasis.

Desde este punto de vista, la salud se puede medir con cuatro parámetros importantes:

pH

Es el factor de ionización. Nos permite medir el estado ácido o alcalino y su valor se halla entre 0 y 14. El valor 7 representa la neutralidad.

rH2

Es el coeficiente de oxidación‐reducción o factor de electronización. Valores entre 0 y 28 nos indican estados reducidos, mientras que entre 28 y 42 nos hablan de estados oxidados.

ρ

La resistividad nos permite establecer la concentración de electrolitos en una solución, es decir, su contenido en sales.

La relación Na/K

Este parámetro nos va a permitir hacer una valoración cuantitativa del aspecto energético Sodio - Potasio.

Estos cuatro factores pueden ser evaluados en la sangre, la saliva y la orina, de tal modo que su interpretación nos permite valorar las condiciones del terreno.

La biología nos enseña cómo la temperatura es un factor limitante en el desarrollo de las plantas. Esto es válido para todos los seres vivos, tanto vegetales, animales o el propio ser humano.

La química igualmente nos habla de que la vida de cada ser vivo se desarrolla entre unos estrechos límites de pH.

En el caso de los seres humanos, el pH sanguíneo en condiciones de equilibrio debe oscilar entre 7,30 y 7,45 y cuando nos encontramos en otros rangos más ácidos o más alcalinos, estamos en un terreno que favorece el desarrollo de diversos agentes patógenos: bacterias, virus...

Así mismo, podemos definir otro parámetro como es el coeficiente de oxidación‐reducción que en los procesos de la salud oscila entre 20 y 24 en la sangre y nos habla de que la vida‐salud es un proceso eminentemente reductor y la muerte‐enfermedad es básicamente oxidante.

Además, está la resistividad, cuyo rango en el individuo sano está de 180 a 230 ohmios/cm/cm2 en la sangre.
Estos tres aspectos definen la Bioelectrónica de Vincent. Es un método de análisis que nos permite averiguar las condiciones del terreno en términos de salud o enfermedad.

A través de la evaluación de estas constantes en los líquidos orgánicos podemos valorar el desarrollo progresivo de la enfermedad y o de recuperación de la salud.

1. Valores bioelectrónicos en el desarrollo progresivo de la enfermedad

Persona sana                    pH                           rH2                 ρ
sangre                                     7,3                            22                210
saliva                                       6,5                            22                180
orina                                        6,8                            24                  30

Fases humorales                pH                           rH2                  ρ
sangre                                     7,5‐7,6                    24,7‐26             160
saliva                                         7,01                           26                 210
orina                                          6‐6,2                      21‐22              50‐60

Fases matriciales                pH                           rH2                  ρ
sangre                                       7,5‐7,8                      26‐27               140
saliva                                           7,5                            30                  230
orina                                            5,5                          <20                60‐120

Fases celulares                   pH                           rH2                   ρ
sangre                                    7,6‐8,9                       27‐32             <120
saliva                                           8                              32                  240
orina                                         <5                            <18                >120

Si somos capaces de restablecer las constantes de la homeostasis de la matriz extracelular en el paciente afectado del síndrome metabólico, estaremos creando las condiciones para su curación.

Vamos a desarrollar a continuación los cuatro pasos sucesivos para retomar el equilibrio

Reequilibrio del terreno ácido

Recordemos que todas las reacciones enzimáticas a nivel de la célula, tienen lugar en una franja de pH muy precisa y que fuera de esos límites, se inducen disfunciones bioquímicas tanto por inhibición como por exceso.

En las anomalías metabólicas crónicas, en las neoplasias y en los ancianos, encontramos siempre valores de pH sanguíneos y salivares elevados.

La mayoría de los procesos cancerosos se desarrollan en condiciones de alcalosis sanguínea.

Recordemos siempre el interfaz ácido‐básico, entre el mesénquima, la sangre y la orina.

Debemos entender que la orina es el espejo del mesénquima. Una disminución del pH en la orina nos indica, por tanto, una acidificación del medio interno.

Cuando tenemos un pH urinario de 6 o inferior a 6, estable a lo largo de las 24 horas, es preciso considerar que estamos ante una hiperacidificación del mesénquima. La alteración solo de esta constante ya va a producir serias alteraciones metabólicas.

La orina es el espejo del mesénquima

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, valoramos como esencial conocer el efecto acidificante‐alcalinizante de los alimentos. En nuestra estancia en Alemania la primavera del 98, el profesor Heine explicaba que, cuando hay acidosis mesenquimal, ninguna terapéutica es eficaz, ni siquiera los preparados antihomotóxicos. Afirmaba que es prioritaria la desacidificación del medio para conseguir unos buenos resultados, y que la alimentación es un factor esencial.

Alimentos acidificantes–Alimentos alcalinizantes

Los alimentos, dependiendo de sus características: contenido en proteínas, riqueza en minerales, origen animal o vegetal…. tienen la facultad de producir después de la digestión, una condición ácida o alcalina en nuestro organismo.
Como nuestra sangre es ligeramente alcalina, el conjunto total de los alimentos que ingerimos debe tener un balance alcalinizante.

Son alimentos acidificantes: las harinas refinadas, los aceites refinados, los tomates, el vinagre, las bebidas alcohólicas, la miel, la carne, los huevos, el pescado y, en menor medida, los cereales, las legumbres, las semillas oleaginosas y los frutos secos.

Todos los alimentos que nos presenta la naturaleza en forma de grano (cereales, legumbres, semillas), tienen carácter equilibrador como iremos viendo más adelante. Son ligeramente acidificantes porque son constructores y por tanto imprescindibles en la dieta diaria.

Un exceso de alimentos acidificantes produce un estado de desmineralización.

La falta de minerales suficientes se manifiesta en forma de desequilibrios emocionales y nerviosos, caries dental, piorrea, sangrado de encías, uñas quebradizas, caída del cabello, dolores menstruales, desórdenes pancreáticos, debilidad renal, transpiración excesiva y debilitamiento general de todo el organismo.

Son alimentos alcalinizantes: las verduras, las frutas neutras, las plantas medicinales, la sal, las algas, el miso y el tamari.

No es fácil tener un exceso de alcalinidad a no ser por vómitos repetidos o como consecuencia de una hiperventilación pulmonar.

Una dieta excesivamente rica en frutas y verduras, podrá ser causa de alcalosis pero, las personas que hacen esas dietas vegetarianas, suelen equilibrar el exceso de álcalis consumiendo cantidades importantes de dulces (acidificantes).

No debemos caer en el error de consumir alimentos alcalinizantes exclusivamente, sólo el balance total de la dieta debe ser alcalinizante. Los alimentos constructores (ricos en proteínas) tienen todos efecto acidificante, tanto los vegetales como los animales, y son parte fundamental e imprescindible cuando queremos nutrir y deben ser correctamente equilibrados por las verduras.

En resumen:

Debemos consumir alimentos integrales, es decir, completos, ya que el refinado hace que el contenido mineral de los alimentos disminuya.

Un alimento integral es un alimento entero, completo, no refinado.

Cuando se refinan el trigo y el arroz disminuye la cantidad de minerales, de oligoelementos y de vitaminas. Desaparece la fibra esencial para un buen funcionamiento del intestino y desaparecen los ácidos grasos esenciales presentes en el germen, así como la energía vital o capacidad de germinación. Es decir, el refinado de los cereales nos deja un producto muerto y desequilibrado nutricionalmente.

El segundo paso importante para equilibrar el terreno ácido es reducir la cantidad de proteínas en la dieta
En la actualidad la ingesta de proteínas es muy superior a los requerimientos.

La OMS recomienda 0,9 gr por Kg de peso del individuo. Debemos recordar que los residuos metabólicos de las proteínas tienen un poderoso efecto acidificante.

El tercer paso es sustituir las proteínas de origen animal por las de origen vegetal, menos ricas en purinas, este aspecto es muy poco tenido en cuenta en las dietas actuales y vamos a ver que tiene una gran relevancia en la terapéutica por la dieta.

Podemos observar además, como las legumbres son el complemento ideal de los cereales para la obtención de un buen equilibrio proteico, desterrando así el mito de la superioridad nutricional de las proteínas animales.

Si tenemos en cuanta la diferencia en la cantidad de purinas y que las purinas vegetales son más fácilmente eliminadas por el riñón, la opción es muy clara.

Una última consideración en el reequilibrio del terreno ácido es consumir preferentemente semillas oleaginosas en vez de aceites vírgenes, desde el punto de vista mineral.

Los aceites son en realidad “zumos” de oleaginosas y por lo tanto no son alimentos integrales.

Reequilibrio del terreno oxidado

Los cereales integrales son especialmente importantes porque la envoltura y el germen de los granos contienen factores vitamínicos (vitaminas del grupo B), oligoelementos y enzimas activadoras del metabolismo. Recordemos que las vitaminas del grupo B favorecen la regulación de los parámetros bioelectrónicos, particularmente el rH2.

Los cereales deben ser integrales y biológicos. Todo alimento biológico está producido sin adición de abonos químicos.

La adición de sustancias químicas a los suelos disminuye el contenido en vitaminas y en proteínas, asimismo disminuye el contenido en magnesio y aumenta desproporcionadamente el contenido en potasio. Es decir, un alimento natural, cultivado con abonos químicos, contiene menos elementos nutritivos y más agua.

Es por ello por lo que debemos escoger alimentos cultivados con abonos orgánicos, naturales como el estiércol.

Un alimento tan cotidiano como el pan, actualmente en todas las culturas, nos puede explicar aspectos que normalmente ignoramos acerca del origen de la oxidación.

El pan con levadura madre. Es muy importante que el pan sea integral, biológico y que haya sufrido una fermentación natural.

El valor de la resistividad del pan blanco lo sitúa en el terreno de las enfermedades del síndrome metabólico y del cáncer.

Reequilibrio de la resistividad

Cuando la resistividad de la sangre es demasiado elevada, indica una sobrecarga de electrolitos en orina y como consecuencia, una insuficiencia renal. No se puede mejorar la condición de la sangre si no se mejora la condición del riñón antes. Por ello debemos evitar el consumo de alimentos “pesados” como los embutidos, salazones, huevos, asímismo reduciremos la utilización de formas de cocción endurecedoras como la plancha, la parrilla y el horno.

Debemos aumentar moderadamente el consumo de agua débilmente mineralizada y de verduras suavemente diuréticas como la cebolla, la calabaza y el nabo, además consumiremos sopas de legumbres como alternativa a las carnes.

Es muy conveniente aplicar compresas calientes en los riñones.

De todos modos, debemos saber que este hecho es realmente infrecuente, nuestra experiencia en análisis bioelectrónicas con varios miles de pacientes nos muestra como la tendencia generalizada en la sociedad moderna, con una alta incidencia de las enfermedades crónico‐degenerativas, justamente la resistividad de la sangre es demasiado baja.

Cuando la resistividad de la sangre es muy baja, que como acabamos de decir es el caso más frecuente en las poblaciones urbanas, la orina suele tener prácticamente siempre, una resistividad elevada. Esto es consecuencia de los hábitos alimenticios modernos.

Recordemos de nuevo la inversión mesénquima – sangre – orina.

De modo que se trata de reforzar el riñón con la finalidad de mejorar su nivel de excreción pero teniendo en cuenta los principios de la MTCH.

El frío está frecuentemente ligado a los procesos debilitadores del riñón. Por lo tanto los riñones son particularmente sensibles al consumo de alimentos y bebidas heladas, tales como los helados, refrescos y bebidas alcohólicas frías, especialmente si éstos presentan una concentración de azúcar elevada. Por lo que recomendaremos siempre evitar su consumo.

Otros alimentos, como las frutas tropicales, las plantas de la familia de las solanáceas (tomate, patata, pimiento, berenjena, tabaco...), las espinacas, los espárragos...son susceptibles de crear desequilibrios. Estos alimentos no sólo debilitan los riñones creando un terreno adecuado para las infecciones del aparato urinario, sino que también tienen un efecto perjudicial sobre la vitalidad sexual. De modo que recomendaremos evitar todos los alimentos de naturaleza fría como las frutas y las ensaladas, asimismo evitaremos los tóxicos como el café y el alcohol. Debemos eliminar de la dieta los alimentos excesivamente ricos en purinas como las carnes, embutidos... y las verduras de la familia de las solanáceas.

Es muy recomendable utilizar caldos de algas y sopas con legumbres. El sazonamiento debe ser el justo.

Aplicaremos compresas de jengibre en los riñones porque el calor tonifica y favorece la función del riñón.

Como diuréticos usaremos principalmente: verduras como la cebolla, la calabaza, el nabo...que tienen una acción suave y equilibradora sobre el riñón.

El agua

Es el constituyente principal de nuestro cuerpo.

Si el agua de bebida está muy cargada de sales, no cumple más que parcialmente su función de vehículo de las reacciones de oxido‐reducción y lo que hace es bloquear el sistema renal por sobrecarga de electrolitos.

Las sales minerales contenidas en la mayoría de las aguas de bebida, son inasimilables y dan al agua un pH alcalino, favoreciéndose así la aparición de cálculos renales y biliares, arterioesclerosis, artrosis...

Muchas aguas potables están cloradas (efecto fuertemente oxidante) y contienen un nivel de nitratos excesivo. El agua que es óptima para beber, no debería contener más de 5 mg/litro de nitratos. Hoy la legislación permite hasta 50 mg/litro.

El agua que bebemos debe ser débilmente mineralizada para que pueda disolver y transportar los minerales y oligoelementos. Para evaluar este aspecto podemos usar la medida eléctrica de la resistividad.

La resistividad en el agua

El agua es el vehículo de las reacciones de oxidación‐reducción en el organismo. Por eso desde este punto de vista el ideal sería la neutralidad, es decir, el rH2 debería estar entre 24 y 26.

El pH debería oscilar entre 6,5 y 6,8.
La resistividad debería ser superior a 6000 ohmios.

Contrariamente a las recomendaciones clásicas de la BEV, no recomendaríamos al paciente beber de 2 a 3 litros de agua al día en el caso de una resistividad baja en orina, ya que un exceso de líquido puede sobrecargar la función de un riñón debilitado. Recomendaríamos al paciente beber en función de la sed.

La relación Na/K

Todos conocemos la función de estos dos elementos químicos en el riñón y valoramos clínicamente la hipernatremia o la hipopotasemia...

Debemos entender que igualmente que en la célula la relación Na/K es de 1/7 aproximadamente, en el mesénquima sería a la inversa y, que del buen balance entre estos dos elementos químicos, se deriva una de las condiciones más importantes a la hora de la comprensión de la salud como equilibrio y homeostasia.

Es precisamente la relación Na/K la que nos permite abordar desde un punto de vista cuantitativo el concepto yin‐yang de la MTCH.

Definimos lo yin como la energía de expansión, la que hace que crezcan las plantas hacia la luz, la que permite que se produzca la diástole en el corazón, la energía expulsiva en el parto, la presente en las inflamaciones...la energía ascendente, la energía de la tierra. La relacionamos con el reino vegetal y con el potasio.

Definimos lo yang como la energía de contracción que tiene que ver con la sístole, la espiración, la ovulación, la formación de las raíces, la deposición de toxinas en forma de quistes y/o tumores... la energía descendente, la energía del cielo. La relacionamos con el reino animal y con el sodio.

El Na representa lo yang y el K representa lo yin en el mundo de los elementos químicos de tal modo que, del justo balance entre estos dos elementos resulta el equilibrio célula‐mesénquima.

Relación Na/K m gr g/100

Hay otros factores además de la relación Na/K en los alimentos, para valorar el aspecto yin‐yang y son:

La forma
La forma larga en sentido vertical es yin, mientras que el sentido horizontal es yang.

La densidad
Lo más denso está más bajo la influencia de la fuerza centrípeta yang, cuanto más densa es una sustancia, es más yang.
Cuando domina la fuerza centrífuga, el elemento a considerar es más ligero, cuanto más ligero, más yin.

El color
Los colores los podemos clasificar según el espectro de la luz difractada por un prisma: rojo, amarillo, verde, azul, añil, violeta.

Longitud de onda más larga (rojo e infrarrojo): más yang.
Longitud de onda más corta (violeta y ultravioleta): más yin.

El contenido en agua
Cuanto más rico en agua es el elemento a considerar, es más yin; cuanto más seco, más yang.

La valoración energética de cualquier alimento, la haremos siempre teniendo en cuenta estos parámetros.
Sin duda que la utilización del fuego o de la sal, no son más que formas “alquimistas” de equilibrio de los alimentos. 

para crear una condición de homeostasis, que en la organometría funcional se define, como una circulación energética entre 40 y 60 microamperios, debemos favorecer una dieta con alimentos cuya relación Na/K sea lo más próxima a la del medio interno.

Llevamos trabajando en este aspecto desde hace más de 20 años y comprendiendo cómo se puede hacer una aproximación cuantitativa de los aspectos energéticos de la MTCH, tan difíciles de comprender por los occidentales porque, a fin de cuentas, la materia y la energía no son más que las dos caras de una misma moneda.

Todas las prácticas terapéuticas alimenticias que se aplican en la actualidad son de tipo yin, señalemos la eutrofoterapia cruda y el método Kousmine o las dietas vegetarianas de los médicos naturistas. En todos estos csasos se tiene solamente en cuanta los aspectos de composición química de nutrientes, pero no se contemplan las características bioenergéticas de los alimentos como si enfrían o calientan, etc…

Debemos comprender que, en todas las patologías de deficiencia (yin), esta práctica no corrige el desequilibrio, y en las patologías de exceso (yang), crea la condición contraria en el paciente, pero no el equilibrio (salud).

Si pretendemos realmente curar, nunca debemos recurrir a utilizar la alimentación según la ley de los contrarios. Por ejemplo, tradicionalmente, a los enfermos afectados de tuberculosis (yin) se les daba doble ración de carne (yang). Efectivamente, la carne equilibra ese exceso de yin pero, posteriormente, el paciente crea otras patologías evidentemente, de naturaleza yang (formación de quistes, tumores, reuma...).

Igualmente, si el paciente ha sufrido un infarto (yang) y recomendamos suprimir la sal, reducir los alimentos animales y que haga una dieta “lightʺ con mucha verdura y ensalada (yin), podemos debilitar tanto los riñones que se provoque otro problema cardiaco por el antagonismo agua (riñón) – fuego (corazón). Es decir, sacamos al paciente de un infarto, pero al poco tiempo, falleció de un fallo renal.

Los alimentos de naturaleza yang son de naturaleza contractiva, endurecedores, favorecedores de los depósitos, estancadores, calentadores, en una palabra, favorecedores de las enfermedades de exceso.

Contrariamente, los alimentos de naturaleza yin favorecen o provocan las fases de reacción, son impulsores, enfriadores y por lo tanto favorecen la aparición de enfermedades de deficiencia.

Siendo así que los alimentos de categoría central tendrían la facultad de equilibrar el medio interno.

Conclusiones:

Cualquier abordaje nutricional que hagamos en nuestra práctica médica debe tener en cuenta los parámetros de referencia del equilibrio de la homeostasis.

De modo que debemos valorar, los nutrientes que aportamos (carbohidratos simples o complejos…), de que alimentos provienen (refinados o integrales), en que forma los recomendamos (crudos o cocinados)… De forma que la dieta debe tener una finalidad biológica, no solo debe nutrir sino vitalizar.

Por otra parte es muy importante valorar que al paciente no le debemos hablar de nutrientes sino de alimentos y que si diseñamos la dieta con los criterios arriba expuestos conseguiremos de una vez, resolver las diferentes manifestaciones del desequilbrio: sobrepeso, hipertensión, hiperlipidemia…

Si seguimos considerando que “una caloría es una caloría venga de donde venga”, es decir que no importa de que alimento venga el nutriente, no conseguiremos el objetivo fijado que es la recuperación de la salud de nuestro paciente.

BIBLIOGRAFIA

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