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La multiplicidad del self y la mentalización I

En el presente post deseo comenzar una serie de reflexiones, que desarrollaré a lo largo de varios posts, en torno al concepto muy en boga en la actualidad, de “multiplicidad de selves” que alude a que el self no es algo unitario, sino que está constituido por un conjunto de “selves”  o de “estados del self”, o por un conjunto de “voces” cada una de las cuales implica un punto de vista diferente sobre la realidad.

Por mi parte, vengo empleando este concepto desde hace muchos años, basándome fundamentalmente en mi práctica clínica y en lo que observo en ella.

Por esa razón, me parece que puede ser útil comenzar con el relato de un episodio clínico, que tuvo lugar hace ya tiempo y que ilustra la utilidad que puede tener este enfoque.

En aquel entonces me encontraba trabajando con una paciente que había estado casi 10 años con otro analista y que había dejado el tratamiento porque veía que ya no avanzaban más en la clarificación y resolución de sus problemas.

La paciente, a la que llamaremos Clara, tenía 40 años, trabajaba como médica clínica y entre otros problemas que comentó en el primer año de análisis, había uno recurrente, que tenía que ver con situaciones problemáticas vividas con colegas mujeres y con amigas.

La mayoría de ellos giraban en torno a inhibiciones, sea para hablarles de un buen trabajo que había hecho, o de dinero que había ganado (cosa que también le costaba lograr), o de una presentación en un congreso, o de un hombre con el que había salido (Clara se encontraba separada en ese momento), etc. Cabe agregar que en todas estas actividades tenía también marcadas inhibiciones.

Explorando estas dificultades fuimos pudiendo identificar la razón de estas inhibiciones en la creencia (no consciente) de Clara de que sus logros despertarían la envidia de sus compañeras y amigas y que por eso no podía tenerlos o, si los lograba, no podía hablar de ellos.

Pronto conjeturé que se trataba en realidad de su propia envidia proyectada y que era esto lo que estaba en juego. Sabía por mi propia experiencia y por las recomendaciones de Herbert Rosenfeld (Rosenfeld, 1987) que la interpretación de la envidia es harto problemática y que no es bueno hacerlo en forma directa y, mucho menos, de modo reiterado.

Por esa razón, tomé muchos recaudos como para que dicha interpretación fuera una conclusión a la que llegara la paciente misma, ayudada por mí.

Pero cuando tal cosa sucedió, Clara se angustió mucho, retrocedió espantada ante esa idea y me dijo que se confirmaba entonces lo que le había dicho tantas veces su analista anterior. Textualmente dijo: “Me enojé muchas veces con él cuando me lo dijo, sentía que me acusaba de ser una envidiosa. Hacía que me odiara por esto y  que me viera como una mala persona. Yo me rebelaba y le discutía. En realidad, no creía en lo que me decía, pero no podía dejar de sentirme mal. Ahora, con esto que ha salido hoy, siento también que me acusás, pero lo peor es que yo misma llegué a esa conclusión y me odio por ser así como soy”.

Hay muchos aspectos que podríamos tomar en consideración en este fragmento clínico, pero en este caso deseo puntualizar uno que tiene la mayor relación con el tema de este post.

Clara habla de “ser” una envidiosa y de odiarse “por ser así como soy”. Parece claro cómo ella identifica la totalidad de su ser con el sentir envidia (“ser envidiosa”) y que, por tanto, esta idea se le hace insoportable.

Comento al pasar que es muy habitual que los pacientes se vean de esta forma totalizadora, en torno a alguna característica que les resulta perturbadora (verse malos, asesinos, débiles, miedosos, depresivos, anormales, etc.).

Viendo la reacción de Clara, le dije que era habitual que tuviéramos la creencia de que somos como un solista, en el territorio del canto. Pero que en realidad somos como un coro y que dentro nuestro hay diferentes voces, que muchas veces desentonan entre sí y que si parecía que una de las voces de su coro tenía sentimientos de envidia (agregué que si era así, habría de tener sus buenas razones para ello), eso no implicaba que las demás los tuvieran también, por lo que no me parecía que reflejara este estado de cosas el que ella dijera “soy envidiosa”

Fue muy notable su reacción de alivio y cómo el poder comenzar a pensar las cosas desde este nuevo punto de vista, le permitió salir de una contradicción que hasta ese entonces parecía insoluble: o rechazaba la percepción de estos sentimientos, o sucumbía a la insoportable imagen de sí misma como “siendo” envidiosa.

Este enfoque significó un antes y un después en el tratamiento de Clara, como en el de muchos otros pacientes, por lo que me convencí de la utilidad de este enfoque para el trabajo clínico.

Estos hechos de mi práctica me llevaron a incursionar en los desarrollos teóricos que había sobre el tema y vi que éstos eran muy abundantes. También advertí que las diferencias en muchas de esas conceptualizaciones no eran menores y que era importante llevar a cabo una lectura detenida y minuciosa de estos distintos enfoques.

Por esa razón, en los posts que  seguirán a éste (que es sólo una introducción al tema), me propongo ir reseñando las conceptualizaciones que me parecen más interesantes al respecto, evaluándolas críticamente y vinculando una y otra vez estos desarrollos con el trabajo clínico.

A su vez, es mi interés articular estos desarrollos con el concepto mentalización, ya que considero que los mismos pueden enriquecer considerablemente las consideraciones habituales sobre la mentalización del self. Por otro lado, el enfoque basado en la mentalización resulta de utilidad también para pensar acerca de distintos problemas que encontramos muchas veces en esta comunidad de selves (como la puesta en juego de la disociación, tan habitual), como así también para elaborar abordajes clínicos para el trabajo con esta problemática. 

 Autor: Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

Referencias:

 

Rosenfeld, H. (1987 ) Impasse and Interpretation: Therapeutic and Anti-Therapeutic Factors in the  Psychoanalytic Treatment of Psychotic, Borderline, and Neurotic Patients. Taylor & Francis Ltd

 

 

 

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Médico
Comentario por Network Admin el enero 12, 2014 a las 10:14pm

Me ha parecido interesante.

Aunque lo digo simplemente por intuición personal, estoy de acuerdo con que no existe un único "self", sino una multitud de "selves", pues la forma que tenemos de ver el mundo y a nosotros mísmos no es siemple la misma, habitualmente con numerosas fluctuaciones intradía.

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