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Comentarios sobre el trabajo “La madre muerta” de André Green III

 

En el primer post de esta serie cité un fragmento de Green, que comienza de la siguiente forma: “Ya he descripto la alucinación negativa y la psicosis blanca; no he de volver entonces sobre lo que supongo conocido, y refiero la angustia blanca o el duelo blanco a esta serie”.

Para aclarar esta frase, en el post anterior reseñé una parte del libro sobre la psicosis blanca. Me propongo ahora llevar a cabo algunas breves y esquemáticas consideraciones sobre la alucinación negativa, concepto que es central en el pensamiento de Green y que éste ha desarrollado y complejizado en numerosos textos, el más importante de los cuales (pero no el único) es su trabajo de 1993. 

La alucinación negativa:

Este concepto tiene un estatus particular en la obra de Green, en relación con otros que ha propuesto (la madre muerta, la psicosis blanca, el narcisismo negativo, la función objetalizante, etc.), consistente en que atraviesa toda su obra y se va complejizando a lo largo de la misma.

Su primera aparición data de 1967, y se encuentra en un texto que marcó el alejamiento de Green de los seminarios de Lacan (Green, 1967).

El texto en el que lo desarrolla de una manera más pormenorizada es posterior (1993), aunque más tarde ha seguido utilizándolo en diversos contextos.

En ese primer texto (1967) relaciona la alucinación negativa con la “estructura encuadrante” (p. 120 y ss.). Como este concepto aparece más adelante en el trabajo que estamos comentando, difiero para ese momento la explicación del sentido de esa expresión.

De un modo sumario podríamos decir que la alucinación negativa ha de ser entendida como el reverso de la realización alucinatoria de deseos de Freud y que es considerada por Green como esencial para la constitución del espacio psíquico, a la vez que considera que constituye la precondición de toda teoría de la representación (1977, p. 382).

La define en algunos lugares como la representación de la ausencia de representación y podemos decir que su lugar se encuentra en el territorio del trabajo de lo negativo (Green, 1993) y que tiene un doble valor potencial: estructurante o desestructurante.

Dada la amplitud y complejidad de este concepto, parece necesario acotar lo que digamos de él, por lo que tomaré solamente algunos aspectos del mismo, que son de utilidad para el comentario del trabajo sobre la madre muerta.

Hay una cita de Winnicott muy ilustrativa de este concepto:

“Cuando la madre se ausenta durante un período superior a cierto límite, medido en minutos, horas o días, el recuerdo de la representación interna se borra. Al mismo tiempo, los fenómenos transicionales pierden progresivamente toda significación y el pequeño es incapaz de experimentarlos. Asistimos entonces a la desinvestidura del objeto” [negritas agregadas] (Winnicott, 1971, p. 33)

Comentando este pasaje, Green dice: “Esta desaparición de la representación interna es lo que yo relaciono con la representación interior de lo negativo, “una representación de la ausencia de representación”, como digo, que se expresa en términos de alucinación negativa o, en el terreno del afecto en términos de vacío o, en menor grado, de futilidad o de pérdida de sentido” [negritas agregadas] (2005, p. 38)

Como vemos, Green establece aquí una equiparación entre lo que es borrado y aquello que sufre una alucinación negativa. En otros textos diferencia este destino del destino que corre aquello que es meramente reprimido (que no se borra, sino que es meramente mantenido en lo Inc.).

Hay un texto interesante en el que compara ambos mecanismos: “les daré un ejemplo. Tomemos un paciente y el material que les presenta, al que le hacen una relación entre su material y lo que les ha dicho en una sesión reciente. El paciente les replica: “¿Yo, yo he dicho eso? ¡No tengo recuerdo alguno de haberlo dicho!”.

Entonces, obviamente, por reflejo, ustedes piensan que se ha instalado una represión. Pero se equivocan: no se trata de una represión, esto no es un fenómeno de olvido, sino un fenómeno de no reconocimiento. Puesto que en general, cuando alguien ha olvidado algo y le es recordado, dándole ciertos detalles, dirá tarde o temprano: “Ah, sí, es exacto; ahora me acuerdo”.

Ahora bien, allí nada es recordado sino que permanece sumergido en la borradura, en el blanqueo (blanchiment): es algo que jamás ha existido (…) La represión dice que [los pensamientos] han sido enterrados y olvidados, pero llegar hasta la no existencia del pensamiento es algo diferente.

Estoy de acuerdo en que no siempre es fácil de distinguir y en que hay puntos de pasaje. Estamos obligados a instalar distinciones que nos permiten ver claro, pero la psiquis no funciona de esa manera, no conoce fronteras tan netas” [negritas agregadas] (Duparc, Quartier-Frings, Vermorell, 1995, pp. 153-154). 

Una vez hechas estas breves aclaraciones, podemos continuar con la otra parte del texto que fue citado al final del primer post de esta serie: 

La serie "blanca", alucinación negativa, psicosis blanca y duelo blanco, atinentes todos estos fenómenos a lo que se podría llamar la clínica del vacío o la clínica de lo negativo, son el resultado de una de las componentes de la represión primaria: una desinvestidura masiva, radical y temporaria, que deja huellas en lo inconsciente en la forma de "agujeros psíquicos" que serán colmados por reinvestiduras, expresiones de la destructividad liberada así, por ese debilitamiento de la investidura libidinal erótica. Las manifestaciones del odio y los procesos de reparación a ellas consiguientes, son manifestaciones secundarias respecto de esa desinvestidura central del objeto primario, materno. Bien se comprende que esta concepción importa una modificación para la técnica analítica, puesto que limitarse a interpretar el odio dentro de las estructuras que cobran rasgos depresivos equivaldría a no abordar nunca el núcleo primario de esta constelación” {negritas agregadas} (1980, p. 213). 

Es interesante que Green habla de una “serie blanca”, en la que incluye formaciones o procesos diferentes (alucinación negativa, psicosis blanca, duelo blanco), pero que son todos el resultado de un mismo proceso o mecanismo: la desinvestidura (masiva, radical y temporaria) que deja en lo Inc. huellas consistentes en agujeros psíquicos.

Valdrá la pena entonces hacer algunas consideraciones sobre los conceptos de investidura y desinvestidura, para aprehender cabalmente de qué nos está hablando Green.

El término que Freud utiliza para hablar de investidura es Besetzung. El verbo del que deriva dicho sustantivo es besetzen, que significa ocupar (por ejemplo, un grupo de gente ocupó un espacio). En el sentido que Freud lo utiliza, se trata de que una representación (o una parte del cuerpo, o un objeto) es “ocupada” o “investida” por un monto determinado de energía psíquica (o energía pulsional). A su vez, lo investido pueden ser las representaciones-cosa, las representaciones-palabra, las fantasías (compuestos de ambos tipos de representaciones).

Cuando una fantasía está fuertemente investida, eso significa que sufre un empuje que la lleva hacia la conciencia y la motilidad, ya que la energía pulsional, la investidura (de una fantasía), tiende a transformarse en acción. Cuando hablamos de deseos, estamos hablando de representaciones investidas.

Una de las manifestaciones de la magnitud de esa investidura en los sueños, es su intensidad sensorial: “En la mayoría de los sueños puede reconocerse un centro provisto de una particular intensidad sensible (…) Éste es, por lo general, la figuración directa del cumplimiento de deseo (…) la intensidad psíquica de los elementos incluidos en los pensamientos oníricos fue sustituida por la intensidad sensorial de los elementos del contenido del sueño” [negritas agregadas] (Freud, 1900, pp. 553-554).

Los mecanismos que operan en la formación de los sueños: condensación y desplazamiento, consisten en movimientos de las investiduras (en el desplazamiento, por ejemplo, la investidura migra de una representación a otra).

Por otro lado, la magnitud de la investidura de una representación, decide acerca de su destino. Así, es posible tolerar una representación, digamos incestuosa, siempre y cuando tenga un bajo grado de investidura, pero tan pronto se incrementa la misma, entra en conflicto y es reprimida.

Otro tanto puede decirse con ciertas formaciones delirantes, que mientras tienen un bajo grado de investidura no perturban la relación con la realidad, pero sí lo hacen cuando la investidura aumenta.

Podríamos decir, en síntesis, que este concepto se halla presente en toda la obra de Freud y que se refiere a la energía pulsional, por ende, al aspecto económico del enfoque metapsicológico. El empuje pulsional, proveniente del cuerpo, es constante y consiste en una exigencia de trabajo para el aparato psíquico, que deberá ligarlo a representaciones, transformarlo, etc.

La desinvestidura, por su parte, implica el quite de esa energía que había recaído previamente sobre determinada representación (o sobre determinado objeto, instancia, proceso. Por ejemplo, se puede hablar de una investidura o desinvestidura del pensar. Cf. post anterior sobre la psicosis blanca).

Una situación particularmente interesante para estudiar este proceso es el estado del dormir (que Green considera detenidamente en su trabajo de 1967). En él, se retiran las investiduras del mundo exterior y también de las representaciones preconscientes e inconscientes. Toda la libido se retrae sobre el yo. “…el narcisismo del estado del dormir implica el quite de la investidura a todas las representaciones-objeto, tanto a su parte Inc. como a su parte preconsciente” (Freud, 1917 [1915], p. 223).

El soñar, en cambio, se explica porque un sector del aparato psíquico no obedece a este designio del retiro de las investiduras y las conserva. Por eso el sueño es una realización de deseos, porque estas representaciones que han permanecido investidas (deseos) se abren paso hasta la percepción después de un complejo proceso.

La contraposición “estado del dormir” – “producción del sueño” ilustra entonces la contraposición entre un estado de desinvestidura y otro de investidura.

Por mi parte, he utilizado la metapsicología del estado del dormir para dar cuenta de un fenómeno clínico observable en los pacientes límites: la muerte anímica (Lanza Castelli, 2001).

Green toma el concepto de desinvestidura y lo trabaja a lo largo de su obra de diversas formas, al punto de que se convierte en la base de lo que desarrollará como la clínica del vacío o de lo negativo, que es, tal vez, su aporte más original e importante a la comprensión de las estructuras no neuróticas.

Cabe agregar que la desinvestidura en Freud es generalmente considerada en relación a la represión secundaria. Sus efectos son que lo así desinvestido desde el sistema Prec., sea atraído por el sistema Inc., deviniendo entonces inconsciente, pero sin sufrir modificaciones en su estructura misma.

Por el contrario, en su enfoque del tema, Green habla de una desinvestidura masiva y radical, que produce verdaderos “agujeros psíquicos” a nivel de las representaciones, tanto preconscientes como inconscientes.

Es importante aclarar que esta desinvestidura puede recaer originariamente sobre las representaciones del objeto, como en este caso, o recaer sobre el propio yo. En ese caso, se pretende alcanzar un estado de vacío, de aspiración al no ser y a la nada. “Desde hace algunos años se concede interés creciente a la clínica psicoanalítica de los estados de vacío, a las formas de aspiración a la nada objetal, a la categoría de lo neutro. Esta tendencia a la desinvestidura, esta búsqueda de la indiferencia no es el exclusivo patrimonio de las filosofías orientales” (Green, 1976, p. 45). 

Otro punto de la mayor importancia es que esos agujeros psíquicos (producto de la desinvestidura) son colmados por reinvestiduras agresivas, que han quedado libres debido al debilitamiento de la investidura libidinal, tema que está ya presente en Freud (la destructividad, para él, es ligada por la libido, pero cuando ésta se desliga, la primera queda libre. Freud, 1923).

El odio y los procesos de reparación que eventualmente conlleva, de acuerdo a lo que desarrolla Melanie Klein en torno a la posición depresiva, son, por tanto, procesos secundarios a la desinvestidura y a la creación del blanco en el psiquismo.

Hablando de la psicosis blanca, dice Green sobre este tema: “Cuando se trata de un psicótico [a diferencia de un neurótico] somos nosotros quienes inferimos la existencia de fantasmas subyacentes. Éstos, en mi opinión, no se sitúan “detrás” del vacío, como en el neurótico [cuando en éste aparecen fenómenos de vacío mental, etc.], sino “después” del vacío, es decir, estamos en presencia de formas de reinvestidura. Considero que es dentro del espacio vacío en donde se desenvuelven, en un tiempo segundo, mociones pulsionales en bruto, apenas elaboradas” (1974, p. 64).

Como es fácil advertir, este hecho posee una enorme importancia para la técnica, ya que de no tenerse en cuenta esto que dice Green, el analista tenderá a trabajar sobre el odio y sus vicisitudes, pasando por alto lo más esencial del proceso. Lo que “equivaldría a no abordar nunca el núcleo primario de esta constelación”. Como veremos más adelante, el enfoque técnico que propone Green es radicalmente diferente.

 

Autor: Gustavo Lanza Castelli

e-mail: gustavo.lanza.castelli@gmail.com

página web: http://www.mentalizacion.com.ar/

 

Referencias:

 

Duparc, F., Quartier-Frings, F., Vermorel M. (eds.) (1994) Une théorie vivante. L’oeuvre d’André Green. Paris: Delachaux et Niestlé, 1995.

Freud, S. (1900) La interpretación de los sueños. Buenos Aires: Amorrortu editores, T 5

Freud, S. (1917 [1915]) Complemento metapsicológico a la doctrina de los sueños. Buenos Aires: Amorrortu editores, T XIV, 1979.

Freud, S. (1923) El yo y el ello. Buenos Aires: Amorrortu editores, T XIX, 1979

Green, A. (1967) El narcisismo primario: estructura o estado, en (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1990

Green, A. (1974) El analista, la simbolización y la ausencia en el encuadre psicoanalítico. En (1986) De locuras privadas. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1990.

Green, A. (1976) Uno, otro, neutro: valores narcisistas de lo mismo, en (1983) Narcisismo  de vida,  narcisismo de muerte. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1990

Green, A. (1977) La alucinación negativa, en (1993) El trabajo de lo negativo. Buenos Aires:

      Amorrortu editores.

Green, A. (1993) El trabajo de lo negativo. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Green, A. (2005) Jugar con Winnicott. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2007.

Lanza Castelli, G. (2001) La muerte anímica en pacientes fronterizos.

      IMAGO. Revista de Psicoanálisis, Psiquiatría y Psicología. Nro 17. Letra Viva Editorial.

Winnicott, D.W. (1971) Realidad y Juego. Buenos Aires: Gedisa editorial, 1987.

 

 

 

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