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Comentarios sobre el trabajo “La madre muerta” de André Green I

 

En este post y en otros que le seguirán me propongo llevar a cabo una lectura comentada de uno de los trabajos más conocidos de Green: “La madre muerta”. El concepto al que se refiere se ha transformado, al decir de varios autores, en un mito etiológico contemporáneo que tiene que ver con las personalidades no neuróticas (Pirlot, Cupa, 2012). Así, Rosine Jozef Perelberg, por ejemplo, considera que este concepto puede ser considerado un complejo nuclear en los pacientes fronterizos (1999).

Por su parte, Christian Delourmel (2013), considera que este trabajo de Green es un punto de encuentro teórico clínico entre el narcisismo, los estados límite y la clínica de lo negativo.

La propuesta que realizo consiste en ir reseñando parcialmente el trabajo, citando textualmente las partes más importantes y comentando los conceptos centrales de su obra, que son necesarios para entender de modo cabal este texto.

Con este objetivo in mente, será útil situar, aunque fuera mínimamente, este trabajo en el contexto de la producción de Green en que tuvo lugar, para lo cual mencionaré algunos de sus trabajos más importantes publicados antes de 1980 (año de publicación de La madre muerta).

Pero antes que nada, vale la pena destacar que a lo largo de un recorrido teórico de casi cincuenta años, Green, siguiendo la teoría freudiana (especialmente la segunda tópica, pero articulada con la primera) lleva a cabo una serie de reformulaciones metapsicológicas que poseen la mayor importancia, a la vez que extiende el campo clínico y toma como referencia fundamental no ya a la neurosis (como Freud), sino a los pacientes fronterizos y, posteriormente, a los que prefiere llamar pacientes no neuróticos (que incluyen los psicosomáticos, las estructuras narcisistas, etc.).

De igual forma, realiza una serie de modificaciones y enriquecimientos del abordaje clínico de estos pacientes.

Además de la obra de Freud, que constituye la base de su pensamiento, Green integra en su marco teórico personal los aportes de Lacan (a cuyo seminario asiste desde 1960 hasta 1967), los de Bion y los de Winnicott. Varios conceptos importantes de estos autores (particularmente de los últimos dos) se encuentran presentes en muchos de sus trabajos.

Asimismo, en el desarrollo de su pensamiento tiene también un lugar el diálogo con otros colegas franceses contemporáneos, como Anzieu, Aulagnier, Pontalis, Laplanche, etc. (Green, 1982).

Su intención no ha sido crear un sistema “greeniano”, sino más bien formar parte de (y liderar) un amplio movimiento psicoanalítico que podríamos denominar psicoanálisis contemporáneo y que incluye diversos proyectos, entre otros la coordinación de un número especial de la Revue Francaise de Psychanalyse “Corrientes del psicoanálisis contemporáneo” y la creación de un grupo transnacional de investigación cualitativa, sobre el tratamiento de las estructuras no neuróticas.

En lo que hace a los trabajos de Green previos a La madre muerta, cabe decir que hay varios trabajos fundamentales en este período (aparte de otros trabajos menores): uno de ellos (el primer trabajo importante de Green) es El narcisismo primario: estructura o estado (1967) (incluido en su libro de 1983), el segundo, El discurso viviente (1973), el tercero L’enfant de Ca. Psychanalyse d'un entretien : la psychose blanche. (1973) y el cuarto, su ponencia en el congreso de Londres El analista, la simbolización y la ausencia en el encuadre psicoanalítico, recopilado posteriormente en su libro de 1990. Cabe incluir también en esta lista la casi totalidad de los trabajos que aparecen en el libro de 1983, en los que incursiona en temas relacionados con el trabajo de 1980. 

La madre muerta:

Vale la pena comenzar con un recuerdo personal de Green, referido al origen de este texto. En una conversación con Gregorio Kohon, tras comentar que cuando empezó a estudiar medicina había decidido ser psiquiatra, explica: “Creo que la madre muerta es un trabajo que ha sido valorado no sólo por sus hallazgos clínicos, sino también porque está relacionado con una experiencia personal. Cuando tenía dos años de edad, mi madre se deprimió: tenía una hermana menor que murió después de haberse quemado accidentalmente. Era la hermana más joven de la familia, mi tía Rosa, y mi madre se deprimió. He visto fotos y uno puede decir por su cara que realmente tuvo una depresión muy severa. En ese tiempo, el tratamiento era muy pobre. Fue a descansar en una estación termal cerca del Cairo. Sólo puedo suponer que esta experiencia me marcó fuertemente, y fueron necesarios tres análisis para revivirla plenamente. Ésta debe haber sido la razón, ya que recuerdo una conversación que tuve con un amigo de mi padre cuando tenía 12 años, en la que ya entonces dije que quería estudiar las enfermedades mentales” (Kohon, 1999, p. 13) [La misma referencia autobiográfica -en forma un poco más sucinta- se encuentra en Green, 1994, p. 23]. 

En el trabajo en cuestión, Green comienza por aclarar a qué tipo de “madre muerta” va a referirse. Lo hace en los siguientes términos:

“…este trabajo no trata de las consecuencias psíquicas de la muerte real de la madre, sino de una imago constituida en la psique del hijo a consecuencia de una depresión materna, que trasformó brutalmente el objeto vivo, fuente de la vitalidad del hijo, en una figura lejana, átona, cuasi inanimada, que impregna de manera muy honda las investiduras de ciertos sujetos que tenemos en análisis y gravita sobre el destino de su futuro libidinal, objetal y narcisista. La madre muerta es entonces, contra lo que se podría creer, una madre que sigue viva, pero que por así decir está psíquicamente muerta a los ojos del pequeño hijo a quien ella cuida”.

La situación queda diferenciada, entonces, de otras que tienen que ver con la pérdida efectiva de la madre, por muerte o alejamiento de ésta. En este caso, en cambio, la madre permanece físicamente viva y sigue cuidando de su hijo, sólo que ha habido en ella (y en la relación con él) una transformación decisiva, tal como refiere el texto de Green.

Es interesante que diga que la madre es inicialmente “fuente de la vitalidad del hijo”. Podemos ver en esta expresión una ilustración del modo en que Green entiende que hay que pensar al sujeto: en relación permanente con el objeto. Son muchos los trabajos que ha dedicado a este tema, en los que critica tanto a los autores de las corrientes intersubjetivistas (que dejan de lado la pulsión y el Inconsciente), como al mismo Freud, en el cual hay, al decir de Green, un cierto solipsismo.

No obstante, y en lo que hace estrictamente a este punto, vale la pena citar una expresión de Freud presente en los Tres Ensayos de Teoría Sexual, que muestra la importancia que le concedía muchas veces al objeto: “El trato del niño con la persona que lo cuida es para él una fuente continua de excitación y de satisfacción sexuales a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho de que esa persona -por regla general, la madre- dirige sobre el niño sentimientos que brotan de su vida sexual, lo acaricia, lo besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto sexual de pleno derecho. La madre se horrorizaría, probablemente, si se le esclareciese que con todas sus muestras de ternura despierta la pulsión sexual de su hijo y prepara su posterior intensidad” [negritas agregadas] (1905, p. 203).

Desde esta primera consideración, entonces, podemos comenzar a pensar que si la madre en tanto “objeto vivo” es fuente de la vitalidad del hijo, la madre “psíquicamente muerta a los ojos del pequeño hijo a quien ella cuida”, estará en la raíz de la pérdida de esta vitalidad, que tomará el carácter del vacío, según veremos.

En lo que hace a las características de los pacientes a los que se refiere el autor en este trabajo, consigna que no presentan inicialmente rasgos depresivos, sino conflictos de índole narcisista, relacionados con la neurosis de carácter, los cuales poseen incidencias en la vida amorosa y profesional de dichos pacientes.

A continuación Green menciona los autores cuyos trabajos sobre el duelo le fueron de utilidad en su reflexión, y hace referencia a dos ideas que tienen la mayor aceptación en la teoría psicoanalítica: a) la pérdida de objeto considerada como un momento fundamental en la estructuración del psiquismo humano; b) la existencia de una posición depresiva. 

El padre muerto y la madre muerta

En este apartado Green realiza un distingo entre el orden de los acontecimientos y el nivel de la estructura. Así, en el Edipo considerado como una estructura (y no sólo como un estadio del desarrollo) se pone el acento en la función que tiene el padre muerto en el origen del superyó y en el fundamento de la ley (Totem y tabú).

Sin embargo, nunca se habla de la madre muerta desde el punto de vista estructural, y las referencias a la misma son entendidas entre los avatares de determinada historia particular.

En el caso de Freud, por más que haya reconocido angustias anteriores a la castración y defensas otras que la represión, fija en ellas un centro en relación al cual son situados los otros tipos de angustia y las otras defensas, lo cual muestra que su pensamiento es estructural al mismo tiempo que genético. Esto resalta con elocuencia cuando hace del Edipo un fantasma originario relativamente independiente de los avatares biográficos del sujeto, al punto que -en El Hombre de los Lobos- llega a decir que aún en el Edipo invertido en el varón, la amenaza de castración es hecha provenir del padre (que es también el objeto de amor).

El punto de vista estructural que plantea Green en este trabajo se organiza en torno de dos centros:

a) la angustia de castración, que se refiere a aquellas situaciones ligadas a “la pequeña cosa desprendida del cuerpo” (pene, heces, hijo) y que es evocada “en el contexto de una herida corporal asociada a un acto sangrante”; de ahí el nombre de “angustia roja” para esta angustia;

b) la angustia relacionada con la pérdida del objeto, donde el contexto no es sanguinario. El duelo, a su vez, puede ser negro o blanco. Negro como en la depresión grave, blanco como en los estados de vacío.

Green plantea que el negro de la depresión es consecuencia de una angustia “blanca” “que traduce la pérdida experimentada en el nivel del narcisismo” y continúa de la siguiente forma:

“Ya he descripto la alucinación negativa y la psicosis blanca; no he de volver entonces sobre lo que supongo conocido, y refiero la angustia blanca o el duelo blanco a esta serie.

La serie "blanca", alucinación negativa, psicosis blanca y duelo blanco, atinentes todos estos fenómenos a lo que se podría llamar la clínica del vacío o la clínica de lo negativo, son el resultado de una de las componentes de la represión primaria: una desinvestidura masiva, radical y temporaria, que deja huellas en lo inconsciente en la forma de "agujeros psíquicos" que serán colmados por reinvestiduras, expresiones de la destructividad liberada así, por ese debilitamiento de la investidura libidinal erótica. Las manifestaciones del odio y los procesos de reparación a ellas consiguientes, son manifestaciones secundarias respecto de esa desinvestidura central del objeto primario, materno. Bien se comprende que esta concepción importa una modificación para la técnica analítica, puesto que limitarse a interpretar el odio dentro de las estructuras que cobran rasgos depresivos equivaldría a no abordar nunca el núcleo primario de esta constelación” (1980, p. 213). 

En el próximo post explicaré a qué se refiere con “psicosis blanca”, en el siguiente haré lo propio con el concepto de “alucinación negativa”, lo que será de utilidad para continuar, con más elementos, la lectura del texto sobre la madre muerta.

 

Autor: Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

www.mentalizacion.com.ar

 

 

Referencias:

 

Delourmel, C. (2013) La mère morte, un Carrefour théorico-clinique entre narcissisme, état limite et négatif [manuscrito no publicado].

Donnet, JL, Green, A (1973) L’Enfant de Ca. Psychanalyse d’un entretien: la psychose blanche. Les Éditions de Minuit

Freud, S. (1905) Tres ensayos de teoría sexual. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1978.

Green, A (1973) Le discours vivant: la conception psychanalytique de l'affect.  Presses Universitaires de France

Green, A (1980) La madre muerta, en Green, A (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Ed Amorrortu, 1990

Green, A (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Ed Amorrortu, 1990

Green, A (1990) La folie privée. Psychanalyse des cas-limites. Éditions Gallimard

Green, A (1994) Un Psychanalyste engagé; conversations avec Manuel Macias

Kohon, G (1999) The Greening of Psychoanalysis. André Green in dialogues with Gregorio Kohon, en Kohon, G (ed) (1999) The dead mother. The work of André Green. Routledge

Perelberg, R J (1999) The interplay of identifications: violence, hysteria, and the repudiation of femininity, en Kohon, G (ed) (1999) The dead mother. The work of  André Green. Routledge

Pirlot, G, Cupa, D (2012) André Green. Les grands concepts psychanalytiques   Presses Universitaries de France.

 

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