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Adicción y pacientes fronterizos en el psicoanálisis contemporáneo

 

(Trabajo presentado en el encuentro clínico de agosto 2014, de la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina)

 

Como sabemos desde hace años, la clínica de nuestros días ya no tiene como paradigma a los pacientes neuróticos (como en la época de Freud), sino que hoy en día la “nueva clínica” está constituida básicamente por pacientes no-neuróticos, o fronterizos.

Considero que uno de los autores que ha conceptualizado de un modo más acabado la estructura de los casos fronterizos es André Green, quien ha basado toda su teorización, de un modo u otro, en el trabajo con estos pacientes.

Si quisiéramos reseñar de un modo muy esquemático algunos articuladores teóricos que ha propuesto para su comprensión, podríamos decir que entre muchos de los conceptos que ha forjado para comprenderlos, cabe mencionar la idea de que el psiquismo tiene dos fronteras o límites, que son el soma y el acto, y que en el interior de dicho territorio se encuentran -en estos pacientes- dos defensas fundamentales: la escisión y la desinvestidura.

Esto va acompañado por perturbaciones en la capacidad de simbolizar (de mentalizar), por lo que el empuje pulsional del Ello no alcanza a ligarse y “psiquizarse” a través de su nexo con la representación-cosa. De ahí que sólo le quede el camino del soma o del acto para su descarga.

Este enfoque se encuentra, sin duda, fuertemente influenciado por la obra de Bion. Para este autor, el problema central es el del dolor psíquico, frente al cual las opciones son la simbolización o la evacuación fuera de la mente. En el caso de los pacientes fronterizos el funcionamiento evacuatorio alcanza a todos los procesos psíquicos (también a los sueños, por ejemplo, cuya función se vuelve en estos casos evacuatoria). En un sentido análogo, Green dice que en estos casos el modelo del acto domina el acontecer mental global, también las fantasías y los sueños.

Para ilustrar algunos de estos conceptos y reflexionar acerca de ellos, será de utilidad transcribir un material clínico de un paciente fronterizo.

Dado lo problemático que resulta usar material de pacientes propios y la dificultad para contar con un material textual, he resuelto este problema utilizando, a los efectos de esta presentación, una primera entrevista que fue publicada en un libro de un psicoanalista argentino (Maldavsky, 1997).

En lo que sigue transcribo la entrevista, que tuvo lugar en una institución dedicada al tratamiento de pacientes adictos, tal como aparece en el libro, y posteriormente realizo algunos comentarios al respecto, los cuales, dado lo escueto del material, no pretenden ser otra cosa que una serie de conjeturas que buscan articular la problemática de la adicción con los desarrollos de André Green.

He dividido en siete partes al material para que pueda ser identificado con mayor claridad en los comentarios que figuran después del mismo.

 

Sigfrido

 

1)

E: ¿qué te trae por aquí?

S: Y…a mí lo que me trae es…tratar de…conseguir una ayuda profesional para poder dejar la droga. Muchas veces lo busqué por el lado mío, ese autopoder de decir: “sí, yo puedo, la controlo, manejo…”.

Todos son como decir…escapes a lo que realmente no, no podía combatir. Y cada vez se fue haciendo más pesado, hasta que bueno, realmente, dijimos, me puse a consi…a pensar bien cómo es el tema.

Ya no soy ningún nene para seguir dando vueltas, más que tengo una familia arriba que es como que…queda un hilo, ¿viste?

Pero no pienso tanto en eso, sino yo ya quiero pensar en mí, en tratar de mejorarme yo, y a partir de eso posiblemente ya se empiecen a mejorar las demás cosas.

 

2)

E: ¿cómo está compuesta tu familia?

S: …

E: ¿cómo te llevás con tus familiares?

S: ¿Qué familia hablás? ¿Todos?  Bien, la relación es buena, el único corte es ése. Con todos, con todos. Todos saben mi tema y todos sufren el momento cuando tengo una recaída. Mirá: con mi esposa las cosas andan mejor. Es una chica muy luchadora, viste. Tiene demasiado huevo como para bancarme.

Y ahora la última que me mandé fue el fin de semana pasado, me mandé una gira de dos días, y ya, viste, era como que se pudría todo. Y bueno, sin embargo, ya eso ya es como que a mí mismo también me rebalsó, viste, y ya no daba para más. Ya no me puedo ni controlar ni mantener. Es como que le estoy ni dando un poquito de importancia a ellos. Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. No tengo tampoco por qué estar haciéndole quilombo a los demás… Y bueno, ya se me complicó y bué. Justo coincidió porque un chico que está haciendo un tratamiento acá me consiguió la admisión, y bueno. Y acá estoy.

 

3)

E: ¿cuál es tu historia de consumo? ¿cuándo empezaste a consumir drogas?

S: yo creo que mi historia con las drogas se fue desarrollando a partir del momento que tuve la discusión grande. Yo calculo que fue ahí porque yo ahí me fui de casa, empecé a andar por la calle, eh, tuve amigos que me dieron techo. Tuve un amigo muy grande mío que me dio tres años el techo, con su familia. Él tenía mi edad, era más chico que yo, inclusive. Pero igual, yo estaba en la casa de ellos, me iba, o sea, yo tenía mi total independencia, ellos tampoco me retenían.

 

4)

Y me pegó mucho, a mí me pegó mucho el tema de que yo, por ejemplo, fui una persona que confié mucho, creí mucho, viste, o sea con respecto a mi familia. Y bueno, justamente en este quilombo, cuando estu, cuando…yo me peleo con mi viejo, yo ya venía a las volteadas desde hacía mucho tiempo. Aparte surgían las separaciones de mis viejos, y todo.

Bueno, una Navidad estábamos comiendo y saltó una historia. Empezamos a discutir y mi viejo me saltó con que…que no era mi viejo. Para mí fue, viste…para mí fue un choque grandísimo. Más a la edad que yo tenía, porque yo tenía, viste, uso de razón totalmente…Demasiados años que ya tenía uso de razón como para que de golpe, viste, saberlo en ese momento y de esa manera. Pero el tipo se ve que no, no me tuvo más armas para decirme algo y me tiro ese flechazo, viste.

Entonces yo la miro a mi vieja, mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo, y bueno, me mató. Eso me arruinó la cabeza.

Aparte, eso a lo que iba, de confiar mucho. Confiaba tanto, hasta tal punto, que nunca me daba cuenta, porque él de repente es gringo, de ojos celestes, gringo. Mi vieja es morochona…De cómo se podía haber dado la cosa. También hasta eso me sorprendió también, de que alguna vez poder, poder haber pensado de que no era.

Pero me lo podría haber dicho de otra manera y en otra situación. O, y mucho antes inclusive, viste.

Creo que eso, a partir de eso.

 

5)

Y ahí empecé a buscar la identidad de mi viejo, que mi vieja ya me empezó a hablar del tema de que bueno, que mi viejo existía, que de acá, que de allá.

Y lo empecé a buscar…lo encontré, a mi verdadero, al progenitor, ¿no?. No mi padre, mi padre es éste. Lo encontré, tiene un restaurante en Lanús. Me dieron todo, lo fui buscando, estuve con mi…con la que sería mi abuela. Me dio para que vaya y todo, pero sin yo identificarme.

Fui a comer y todo al lugar, lo marcaba y todo…nunca me animé. Fui dos, tres veces, pero no. Y a veces tengo ganas de ir, ahora que tengo los chicos y todo, tengo ganas de ir también. Es algo que me quedó. No sé para qué, es algo que me pregunto. ¿Para qué? Si el tipo no se calentó en ningún momento de la vida de él como para poder llegarme a ver, encontrar, por lo menos, yo qué sé…algo…No sé para qué. Por lo menos para decirle: “Mirá, me parece que vos sos mi progenitor, no mi padre, pero, hacete cargo por lo menos, éstos hubiesen sido tus nietos, yo hubiese sido tu hijo”, no sé, comentarle algo.

Quizás esa persona también esté con algo adentro de él que no puede sacarlo y quizás yo sí pueda ayudarlo a hacerlo. Eso creo que es muy importante. Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor que, que no lo puede, que no lo puede transmitir y quizás una persona lo puede sacar de eso. Yo lo veo por ese lado.

 

6)

E: ¿las drogas siempre te produjeron los mismos efectos?

S: no, para nada. No, ahora son reparanoi…bah, paranoica no, pero totalmente cerrado, yo qué sé, diferente. Antes no me dificultaba el momento en que estaba bajo consumo de drogas, no me dificultaba hablar, por ejemplo. Ahora sí, no sé por qué. Ahora me trabo, que no puedo hablar, o empiezo a caminar para todos lados, o no puedo entrar a ningún lado, o incluso lo que me hace…tomo alcohol, en un bar, en otro, en otro, en otro, en otro, en otro, termino en mi casa. Me reciben bien en el sentido de aguante, viste, pero más en el tema de cómo estás, viste. Cómo le cae a ella, con respecto a mi señora, desaparecerle un día y aparecerle así encima. Le pesa demasiado, lo sufre demasiado.

 

7)

E: ¿podrías contar la historia de tus trabajos?

S: trabajar sí, trabajé siempre en la calle. De…casualmente…todas las casualidades se dan ahí, que salgo desde los 17 años, que empecé a trabajar en la calle, me dediqué a vender en la calle.

Tuve puestos en el Once, en Retiro. Siempre manejándome así. Vendo de todo, de todo lo que va saliendo en el momento. El año pasado tuve seis carros acá, en la zona del microcentro, carritos de garrapiñada. Ahora me estoy dedicando a eso. Tenía gente empleada, tenía un encargado que manejaba todo el tema. Este año todavía no entré. Estoy esperando, pero ahora estoy vendiendo en la calle. Ahora, por ejemplo, estoy vendiendo en los colectivos, hasta que salga eso. Ahora estoy vendiendo unos bolígrafos. Me va bien. Vivo. Estoy tranquilo…Con eso hace que pueda arrancar de nuevo con los carros.

Aparte no se me está dando el tiempo, porque no hace el frío que tiene que hacer, y eso me está haciendo demorar un poquito el tema. Entonces hago otras cosas para que…para no quedarme en mi casa.

E: en estos últimos minutos de la entrevista, ¿te gustaría comentar algo más?

S: eeeh…no. Si tuviera que agregar algo, sería que, bueno, que, no sé, sería por medio de alguna pregunta; si no, no sé qué agregaría.

Está claro lo que yo vengo a buscar. Está claro que soy drogadependiente y que trato de buscar una solución a mi problema. Y que si se puede…

 

COMENTARIOS:

 

El comienzo de la entrevista parece elocuente (y bastante habitual) en cuanto a que para que fuera posible la consulta, Sigfrido tuvo que sufrir un colapso narcisista que diera por tierra con la fantasía omnipotente que había sostenido (“autopoder”), respecto a que controlaba y manejaba su ingesta.

Es recién a partir de ese punto que aparece la posibilidad de pedir ayuda (“lo que me trae es tratar de conseguir una ayuda profesional para poder dejar la droga”).

Por otra parte, es interesante advertir que junto con este colapso aparece la posibilidad de pensar. Sigfrido dice: (dijimos, me puse a consi…a pensar bien cómo es el tema.

Ya no soy ningún nene para seguir dando vueltas, más que tengo una familia arriba que es como que…queda un hilo, ¿viste?

Pero no pienso tanto en eso, sino yo ya quiero pensar en mí, en tratar de mejorarme yo y a partir de eso posiblemente ya se empiecen a mejorar las demás cosas).

Una de las cosas que piensa S. tiene que ver con el paso del tiempo, con la toma de  conciencia de que “ya no es ningún nene”, pensamiento que parece no haber estado presente mientras tenía vigencia la fantasía omnipotente. La referencia al “dar vueltas” (que reaparece en su comentario sobre la “gira” (en 2)) parece aludir también a un eterno presente, ya que muchas veces -en estos casos- el tiempo queda traspuesto en representaciones espaciales y quien “da vueltas” suele decir que está siempre en el mismo lugar (Pirlot, Cupa, 2012, p. 34).

También resulta elocuente el modo de hacer referencia a este hecho: aludiendo a una vivencia previa de sí mismo como “nene”, cuestionada por un trabajo de pensamiento (“Ya no soy ningún nene para seguir dando vueltas”). La fijación a esta representación de sí como “nene” -correlativa de un eterno presente- parece guardar relación con traumas tempranos, de los que hablaremos más adelante.

Es interesante el “dijimos” que menciona, ya que si bien refiere el “pensar” en primera persona y dice que quiere pensar en él, esa palabra parece aludir a la presión de la esposa, o de algún miembro de su familia, de una familia que le pesa (ya que la tiene “arriba”).

Por esa razón, no parece clara su motivación para pedir ayuda, por lo cual cabe preguntarse si dicho pedido está basado fundamentalmente en su toma de conciencia, o si incide de una manera importante la presión del entorno. En esta línea, la expresión “no pienso tanto en eso” podría tomarse como una negación (Verneinung, Freud, 1925).

Esta oscilación se retoma en 2) cuando dice: (la última que me mandé fue el fin de semana pasado, me mandé una gira de dos días, y ya, viste, era como que se pudría todo. Y bueno, sin embargo, ya eso ya es como que a mí mismo también me rebalsó, viste, y ya no daba para más. Ya no me puedo ni controlar ni mantener). La expresión “se pudría todo” se refiere a la familia, mientras que después dice que a él mismo lo rebalsó.

La relación que refiere con la familia no parece ser muy creíble (“la relación es buena, el único corte es ése”) por su comentario de que “se pudría todo”.

En la frase siguiente (Es como que le estoy ni dando un poquito de importancia a ellos. Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. No tengo tampoco por qué estar haciéndole quilombo a los demás) podemos subrayar diversos aspectos:

Por un lado, en ella se evidencia la relación conflictiva y problemática que mantiene con su familia, que incluye dos aspectos: a) la desinvestidura (no dar importancia); b) la agresión (haciéndole quilombo a los demás; “todos sufren cuando tengo una recaída”).

Por otra parte, parecería que Sigfrido hace provenir desde los hijos una exhortación a ocuparse de él mismo (Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí).

Asimismo, podemos preguntarnos si no hay en juego una identificación con los hijos abandonados, en un doble movimiento que incluye tanto la desinvestidura de aquéllos como la suya propia (cf. más adelante) y que se lleva a cabo por medio del acto de la ingesta.

En cuando a la relación con la esposa, ésta aparece como la que lo tiene que bancar mientras él lleva a cabo actos destructivos (de sí y de los demás). No obstante, después del último fin de semana pudo poner un tope y concurrir a consultar, lo que es un punto a favor de sus posibilidades de encarar un tratamiento (si bien el acento está puesto en el conflicto relacional más que en su propio deseo de cambio: habla de que “se le complicó” en ese último fin de semana, y su posición es más bien pasiva: fue un chico quien le consiguió la admisión).

 

Con este subrayado del acto estoy haciendo una alusión al segundo de los dos modelos que podemos encontrar en la obra de Freud: el de la primera y el de la segunda tópica, que implican dos modos de funcionamiento mental diferentes.

El primer modo de funcionamiento (el modelo del sueño), supone un tejido representacional constituido (formado por representaciones-cosa, representaciones-palabra, fantasías) y sujeto a las leyes de los procesos primario y secundario, motorizado por el deseo inconsciente. La represión es el mecanismo de defensa predominante y en este modelo hay una triple coherencia dada por la relación entre neurosis infantil – psiconeurosis – neurosis de transferencia.  El modelo para la comprensión es el de la perversión (la neurosis como negativo de la perversión, el niño como perverso polimorfo).

Un elemento esencial en este modelo es que la representación es un dato de partida (el inconsciente consiste en un conjunto de representaciones investidas, y las pulsiones son exteriores al aparato psíquico).

En el segundo modelo (el modelo del acto), en cambio, que tiene lugar a partir de 1920 (Más allá del principio del placer) los referentes teóricos son otros: el inconsciente es sustituido por el Ello, lo cual implica que la pulsión no tiene de entrada un representante representativo (representación-cosa, fantasía) al cual se encuentre ligada, sino que debe conquistar dicha ligazón mediante un trabajo (para el cual es requerido el objeto), que la incluirá entonces en la dimensión de lo simbolizable. Caso contrario, lo que prevalece es la expulsión por el acto o por el soma.

Los ejes teóricos prevalentes giran en torno al peso del objeto, el narcisismo, la pulsión de muerte, la repetición, defensas como la forclusión (Verwerfung), la desmentida (Verleunung), la negación (Verneinung), la escisión del yo (Ich Spaltung), etc. (Green, 2000, Capítulo 7).

La clínica que requiere de estos referentes para su comprensión no es ya la de la neurosis, sino la de los pacientes fronterizos, entre los que podemos situar a Sigfrido.  

 

Volviendo entonces al material, y teniendo en cuenta lo que sigue a continuación en el relato de Sigfrido, conjeturo que podemos ver en esta serie de actos, una repetición pasivo-activa de la desinvestidura y la hostilidad de la que se sintió objeto (cf. más adelante). Esta repetición es congruente con lo previamente mencionado acerca de la defensa de la desmentida y la vigencia del narcisismo.

Asimismo, esta actitud hacia la familia es concordante con sentirla “arriba” (tengo una familia arriba), como peso, como carga.

 

Cuando se le interroga acerca de cuándo comenzó a consumir (3) Sigfrido lo refiere a una discusión con el padre. Pero antes de relatar lo esencial de la misma, refiere un acto de autoexpulsión (me fui de casa) que lo deja en una situación de desamparo, consistente en encontrarse en la calle. El entrevistador no explora cómo vivió Sigfrido esta situación, pero cabe conjeturar que tuvo lugar en él un hundimiento anímico considerable. La posición pasiva en que se encuentra parece formar parte de dicho hundimiento, ya que la “salida” de esa situación acontece mediante la actitud activa de un amigo que “le da techo”. Sigfrido, en posición pasiva, lo acepta.

Por lo demás, podemos ver nuevamente en esta situación la vigencia del modelo del acto y la imposibilidad de pensar, que padece Sigfrido.

Yendo ahora a la discusión mencionada, podemos ver que lo nuclear de la misma consistió en que el padre le dijo: “que no era mi viejo”. No sabemos cuáles fueron las palabras del padre, pero la frase “no soy tu padre” equivale a “no sos mi hijo”, lo que implica una expulsión de la relación de filiación que Sigfrido suponía poseer.

La referencia a la madre en ese momento del relato tiene el sentido manifiesto de buscar en su expresión una refutación, que no encuentra. Más bien encuentra en ella lo contrario (mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo).

Pero podríamos conjeturar que tal vez sea posible encontrar un sentido más profundo en esta referencia -habida cuenta de que los problemas de Sigfrido habían comenzado mucho antes de esta escena: (cuando…yo me peleo con mi viejo, yo ya venía a las volteadas desde hacía mucho tiempo. Aparte surgían las separaciones de mis viejos, y todo)-.

Sigfrido comenta que se trató de una navidad y por más que ese dato sea correcto, podemos preguntarnos cuál es el sentido de esta aclaración.

En la medida en que en esa fecha se celebra un nacimiento (el de Cristo, o el niño Jesús), la condensación entre dicho nacimiento, la expulsión y la mención de la madre nos permite conjeturar que tal vez se trate en este fragmento de una referencia a una situación muy anterior, vivida en relación con la madre, por quien se sintió igualmente excluido en el momento de su nacimiento (la desinvestidura y la hostilidad mencionadas más arriba).

Resulta útil en este punto tener en cuenta que Sigfrido parece haber sido el producto de una infidelidad de la madre.

No sabemos si el hombre con el que dicha infidelidad tuvo lugar era alguien amado por ella, o significó una aventura básicamente sexual. En todo caso, las separaciones entre los padres a las que hace referencia el paciente parecen tener que ver con la captación por parte del padre de esta infidelidad de su mujer.

En ese contexto, la llegada al mundo de Sigfrido parece haber consistido para la madre en la prueba palpable de su infidelidad (su bajar la mirada ante la mirada interrogativa de S. podría aludir a una confesión avergonzada), por lo que su relación con el mismo puede haber estado marcada por una combinación de rechazo hostil y desinvestidura (¿habrá pensado abortarlo?).

Para el padre, el nacimiento de ese “hijo” parece haber sido el testimonio del engaño que padeció, por lo cual es esperable que la relación con el mismo haya sido siempre hostil (la forma brutal en que le reveló este hecho, parece ser expresión de dicha hostilidad)

Creo que éste es el trauma inicial que marca la vida de Sigfrido y que se encuentra en las circunstancias de su nacimiento.

Por lo demás, no deja de ser llamativo que en el nacimiento de Cristo (Navidad) también encontramos una configuración en cierto sentido similar, en la que su padre (Dios) es otro que el marido de la madre (José, el carpintero), si bien en la saga religiosa el significado de este hecho aparece embellecido y transformado en la deificación del fruto del vientre de María y en el amor incondicional (por parte de ambos padres) del que dicho fruto fue objeto.

 

La conjetura que acabo de proponer, por lo demás, es congruente con el funcionamiento mental de Sigfrido (modelo del acto, desmentida, narcisismo, dificultad para pensar, posición pasiva), ya que en los pacientes que tienen este modo de funcionamiento la experiencia muestra una y otra vez que los traumas más decisivos tienen lugar en la temprana infancia en relación con la madre. También es congruente con la autoexpulsión del entrevistado en ese momento, situación que se prolongó al menos por ¡tres años!.

Si volvemos ahora a la revelación que le hizo el padre, confirmada por la madre, advertimos fue a todas luces traumática (Para mí fue, viste…para mí fue un choque grandísimo (…) me mató. Eso me arruinó la cabeza).

La expresión “me arruinó la cabeza” parece aludir a esta perturbación profunda que padece Sigfrido en la posibilidad de dar figurabilidad, representación y procesamiento mental a los empujes pulsionales y a la compulsión de repetición (que no puede ser, por tanto, ligada ni simbolizada).

La autoexpulsión que le siguió y que derivó en que terminara en la calle (de la que fue sacado por su amigo) podría ser pensada entonces como una repetición (en el sentido de la compulsión de repetición) de aquella escena anterior que he conjeturado.

Por lo demás, la repetición produce, al decir de Green, un “asesinato del tiempo” (Ibid, p. 104), por eso es interesante que Sigfrido haga referencia al paso del mismo (lo cual implica que el tiempo está “vivo”, a diferencia del tiempo “muerto”) cuando aparece la posibilidad de pensar, e intenta poner un tope a dicha repetición mediante el pedido de ayuda.

De todos modos, cabe considerar también ciertos aspectos que fueron previos a dicha revelación por parte del padre, como el que Sigfrido no hubiera podido pensar acerca de la diferencia entre los padres (es gringo, de ojos celestes, gringo. Mi vieja es morochona…), que si le resulta en ese momento significativa, sólo puede ser porque él tiene un color como el de la madre.

A este hecho, el entrevistado le llama “confiar” (Confiaba tanto, hasta tal punto, que nunca me daba cuenta (…) De cómo se podía haber dado la cosa. También hasta eso me sorprendió también, de que alguna vez poder, poder haber pensado de que no era).

O sea, desde siempre Sigfrido desmintió el juicio que podría haber extraído de los datos perceptivos que registraban esa diferencia y que lo hubiera llevado a “darse cuenta” que su supuesto padre, no lo era. Por eso se sorprende. La sorpresa tiene lugar (en situaciones como ésta) cuando la desmentida de una realidad cae bruscamente, como en este caso.

Una segunda posibilidad, complementaria de la anterior, es que el entrevistado haya tenido siempre una desinvestidura parcial del mundo de las percepciones, correlativa de un cierto grado de retracción y de un vacío mental. En esas situaciones, las cualidades del mundo sensorial externo se desdibujan y el sujeto puede transitar entre ellas sin tomar mayor conciencia de las mismas. Y cuando algunas de ellas se impone (en este caso debido a la revelación brutal del padre) tiene siempre un carácter de sorpresa, de choque o golpe, de trauma.

Algunos comentarios que Sigfrido realiza en 6) parecen concordantes con esta hipótesis.

 

Por lo demás, el hecho de que los padres no lo hayan ido a buscar cuando se fue de la casa, resulta de lo más elocuente, ya que parecería ser la exteriorización del deseo expulsivo que ambos alimentaban hacia Sigfrido y que él detecta e introyecta, dándole curso a través del acto, mediante la autoexpulsión ya mencionada. Todo este proceso se desarrolla sin que el entrevistado pueda procesarlo representacionalmente, simbolizarlo, mentalizarlo

 

En el comentario 5) Sigfrido relata cómo empezó a buscar “la identidad de mi viejo”: se entera así que éste vive y que tiene un restaurante en Lanús, a donde va a verlo, sin animarse a hablarle (Fui a comer y todo al lugar, lo marcaba y todo…nunca me animé. Fui dos, tres veces, pero no).

Posiblemente haya incidido en su “no animarse” la conjunción de su hostilidad y la anticipación de la respuesta rechazante o indiferente de su progenitor.

Creo que la hostilidad se puede inferir de la frase en la que imagina que va a verlo con sus hijos (Por lo menos para decirle: “Mirá, me parece que vos sos mi progenitor, no mi padre, pero, hacete cargo por lo menos, éstos hubiesen sido tus nietos, yo hubiese sido tu hijo”) y le reprocha lo que hubiese sido, pero no fue. El “hacete cargo” parece una exigencia hostil que S. no puede sostener, ya que en él la hostilidad revierte inmediatamente hacia sí mismo (como se ve en sus conductas adictivas y autodestructivas) y sólo indirectamente puede dirigirse hacia los demás. O, mejor dicho, es sólo por intermedio de la autodestrucción que puede agredir al otro, no de modo directo.

 

Otra consideración que hace en relación a ir a verlo y hablarle es: (¿Para qué? Si el tipo no se calentó en ningún momento de la vida de él como para poder llegarme a ver, encontrar, por lo menos, yo qué sé…algo…No sé para qué)

En esta frase se observa nuevamente la desinvestidura de su persona atribuida al progenitor, el desinterés del mismo en el hijo que había engendrado. Algunos resultados de la misma parecen ser la hostilidad ya mencionada (vuelta sobre sí) y el dolor, que aparece en el párrafo siguiente.

 

En ese párrafo ocurre algo muy llamativo (Quizás esa persona también esté con algo adentro de él que no puede sacarlo y quizás yo sí pueda ayudarlo a hacerlo. Eso creo que es muy importante. Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor que, que no lo puede, que no lo puede transmitir y quizás una persona lo puede sacar de eso).

Me refiero a que después de haber hablado de la indiferencia de su progenitor, le atribuye un dolor y un encierro en sí mismo que son claramente una proyección de lo que le ocurre a él (como se ve claramente en el fragmento 6, en que dice que es él quien está cerrado).

Parece haber en este momento de la entrevista una confusión entre el adentro y el afuera, entre lo que le pasa a él y lo que construye como teniendo lugar en la mente del otro, que queda convertido en un “doble” de sí.

Por lo demás, esta construcción del otro es totalmente contradictoria con la anterior, en donde pone el acento en la indiferencia del progenitor.

Sin embargo, Sigfrido no parece tomar conciencia de esta contradicción, lo que también indica trastornos en su capacidad para pensar.

Un aspecto interesante de este párrafo -si pensamos que tiene que ver con él- es su creencia de que “una persona lo puede sacar de eso”, expresión que posee dos aspectos: a) por un lado, cierta confianza o expectativa de que alguien lo puede ayudar (y justamente está buscando ayuda en la institución a la que concurrió);

b) por otro lado, el rol pasivo en el que se ubica, ya que no dice, por ejemplo, que alguien lo puede ayudar a que él salga, sino que él esperaría que la otra persona, como sujeto de la acción “lo saque de eso”, ubicándose él en posición objeto, pasiva.

 

En el párrafo 6) Sigfrido habla de su retracción (“totalmente cerrado” “no puedo hablar”), que se halla en consonancia con la desinvestidura del mundo exterior señalada con anterioridad, sólo que en este caso parece haberse incrementado en los últimos tiempos.

Esta retracción conlleva la desinvestidura señalada y, por tanto, la pérdida del contacto con el otro, que se expresa en la dificultad para hablar (si hablase, saldría de sí y se conectaría con el objeto).

Por lo demás, esta desinvestidura del objeto externo no se ve reemplazada por una sobreinvestidura de la vida de fantasía (como en las neurosis), ni del propio yo (como en la megalomanía de las psicosis), ni del propio cuerpo (como en la hipocondría) (Freud, 1914), sino que parece reflejar más bien lo que André Green denomina “narcisismo negativo”, que implica un rebajamiento de las investiduras sin contrapartida en una reinvestidura que se desarrolle en otro lugar. Como dice Green: “Cuando esta función desobjetalizante está al servicio del narcisismo negativo, la desinvestidura deshace lo que la investidura había logrado construir. Como se ve, el narcisismo negativo es una suerte de medida extrema que, tras haber desinvestido los objetos, se dirige al yo si es necesario y lo desinviste” (2003, p. 304).

El dolor que queda en el interior de Sigfrido (Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor) -y tal también vez la hostilidad- que no puede ser sentido, ni expresado, ni pensado, parece derivar en un despliegue motriz sin mayor objetivo (caminar para todos lados) que lleva luego a una sucesión de actos que lo conducen de un bar a otro, en un raid que implica una abolición de la conciencia en la ingesta de alcohol, como así también lo que parecería ser una búsqueda de hacerse desaparecer, que expresa bajo la forma de “desaparecerle” a la esposa, quien sufre por ello.

Éste sería un ejemplo de lo mencionado anteriormente, en el sentido de que la agresión hacia el otro se mediatiza a través de la autodestrucción.

 

Cabe relacionarlo también con lo que Green denomina el sentimiento de autodesaparición del yo:

“Los pacientes de los que voy a hablar acá presentan aproximadamente en el centro de su cuadro clínico, un síntoma que es vivido tanto como un mecanismo que padecen y que les escapa, o como la aspiración a un deseo que toma, paradojalmente, la forma de una autodesaparición. Estos pacientes han vivido traumatismos caracterizados por un abandono, una separación de la madre, separación físicamente realizada o aún de la clase que he descripto en mi trabajo sobre la madre muerta. En los casos en que no ha habido una separación efectiva, parecería que el niño experimenta una madre inaccesible, que yo denominaría, con una palaba que condensa múltiples situaciones, la madre que está en otra parte (la mere ailleurs). Ahora bien, esta madre “que está en otra parte” deviene progresivamente para el niño el objeto de una fijación ambivalente, perpetuamente reivindicativa, infiltrada de “hainamoration (Lacan)”, sin que se reconozca el sentimiento de amor apasionado que se encuentra detrás de las recriminaciones” 2003, pp. 305-306).

 

El párrafo 7), por último, en el que el entrevistado relata cómo estuvo desde los 17 años trabajando “en la calle”, parece ilustrar nuevamente la expulsión mencionada con anterioridad y el “no lugar” en el que se encuentra desde siempre (el primer “lugar en el mundo” que tiene un niño, aún antes de nacer o de ser concebido, es ese conjunto de representaciones maternas -investidas por el deseo- denominadas “niño imaginado”; lugar del que -aparentemente- careció Sigfrido).

Su pasividad se expresa nuevamente cuando el entrevistador le pregunta si le gustaría comentar algo más y Sigfrido responde “sería por medio de alguna pregunta; si no, no sé qué agregaría”; en concordancia con la expectativa que tiene de que alguien “lo saque” de la situación en que se encuentra. 

 

Referencias:

 

Freud, S. (1914) Introducción del narcisismo. Buenos Aires: Amorrortu editores,T XIV

Freud, S. (1925) La negación. Buenos Aires: Amorrortu editores

Green, A. (2000) El tiempo fragmentado. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2001

Green, A. (2003) Ideas directrices para un psicoanálisis contemporáneo. Desconocimiento

      y reconocimiento del inconsciente. Buenos Aires: Amorrortu editores, 2011).

Maldavsky, D. (1997) Sobre las ciencias de la subjetividad. Buenos Aires: Nueva Visión

Pirlot, G., Cupa, D. (2012) André Green. Les grands concepts psychanalytiques.

      Paris: Presses Universitaires de France.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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