Reflexión ¿Cómo se siente el acto de administrar una vacuna cuya seguridad y eficacia no han sido debidamente probadas, a personas que no han sido oficialmente informadas del riesgo evidente que para su salud ello supone?
Si usted es médico o sanitario, es probable que actualmente se esté haciendo esta misma pregunta u otras similares; sobre todo si le ha sido encomendada la función de aconsejar la administración de la vacuna a las personas adscritas a los grupos de riesgo (entre los cuales está el gremio al que usted mism@ pertenece), o si -más aún- está usted encargad@ de inyectar la vacuna a las personas que, siguiendo las recomendaciones oficiales, vengan confiadamente a los centros de salud con la intención de prevenirse contra la gripe A.
Cuando lo cierto es que, hasta en los propios documentos sanitarios internos* donde se explica el protocolo aplicable en la vacunación pandémica, se reconoce claramente la falta de datos suficientes acerca de la seguridad y eficacia de estas vacunas, instando a los propios sanitarios a efectuar
in situ la recopilación de estos datos (lo cual convierte de hecho a los pacientes en sujetos o cobayas de experimentación médica, inconscientes de serlo).
Y cuando la controversia alcanza además a la propia declaración de pandemia, a las maniobras contractuales y legales de las compañías farmacéuticas para eximirse de la responsabilidad en caso de daños graves a la salud en los vacunados, y a otras muchas irregularidades que apuntan directamente a fuertes intereses económicos, y que tienen como telón de fondo la corrupción global sanitaria, industrial, política y mediática, de la cual hay ya muchos precedentes denunciados y juzgados en los tribunales de todo el mundo.
Y, más aún, cuando esta controversia no sólo se da en las sociedades de gran número de países, sino en el mismo seno de la comunidad médica en cada uno de ellos. Con casos como el de Polonia, donde el propio gobierno, en base a rigurosas conclusiones de sus comités médico, científico y legal, manifiestan públicamente su rechazo a la vacuna, adoptando una postura prudente, responsable y valiente, frente al inmovilismo, connivencia o vacilación de los estamentos político, médico y periodístico de muchos otros países supuestamente más avanzados. O casos como el de Finlandia, donde la vacuna contra la gripe H1N1 sólo puede ser adquirida en las farmacias, la cual pueden comprar los ciudadanos bajo su propia cuenta y riesgo, rehusando el Gobierno finlandés la responsabilidad de su distribución y financiación.
Y, finalmente, cuando por desgracia se han reportado ya en diversos países de todo el mundo muertes y graves efectos secundarios en personas que fueron inyectadas, de forma inmediata a la administración de la vacuna o tras un muy breve lapso temporal.
Contemplando este panorama, no puede evitarse lamentablemente el establecer cierto paralelismo con lo sucedido en tiempos de la Alemania nazi o la Rusia stalinista, donde a través de largas cadenas jerárquicas de mandos, todos los funcionarios y profesionales de cualquier ámbito se veían compelidos a aplicar y ejecutar -bajo presión, por la obediencia debida a órdenes procedentes de sus superiores- actos, planes y agendas que iban desde lo más arbitrario e irregular, hasta lo más criminal, abyecto y aberrante. Bien lo sabemos, o debiéramos saberlo o recordarlo.
No, no es fácil ser médico, político o periodista en estos tiempos, especialmente en el caso de tener sensibilidad, valores humanos y conciencia crítica. No son tiempos tranquilos para los buenos, lúcidos y honestos profesionales de estos ámbitos. En cambio, para aquellos faltos de escrúpulos, inconscientes o indolentes, no hay gran cosa de la que preocuparse, no hay gran cosa sobre la que reflexionar o discernir.
Sin embargo, todos los que comprendemos y sabemos leer entre líneas lo que está ocurriendo, podemos en verdad unirnos, coordinarnos y sumar nuestras fuerzas para promover, exigir y poner orden y esclarecimiento en esta compleja situación donde, una vez más -y como en muchos otros graves temas de actualidad-, los derechos, garantías, libertades y la propia integridad y la vida de las personas están siendo clamorosamente puestas en peligro. Es preciso moverse y actuar, desde nuestro interior y proyectándonos y relacionándonos en y con nuestro entorno profesional y social. Podemos lograrlo. Está en nuestra mano. Y ya es ineludible.
Gracias por su atención,
Alvaro Miguel
*En España, por ejemplo:
http://www.scribd.com/doc/22464521/Seguridad-vacunas-pandemicas
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"Mi prioridad durante los veinte difíciles años de mi práctica médica fue: "Primero, no hacer daño". Me llevé conmigo esa regla a la oficina del Ministerio de Salud. En la situación cuando estaba por recomendar un medicamento a alguien, yo creo -como cualquier otro practicante- pensaría: ¿daría esto a mi anciana madre o a mi hijo? Y exactamente tal pensamiento me hace muy cauta, acerca de revisar doblemente la información, con respecto a un medicamento que el Ministerio de Salud está por recomendar a cada polaco".
Ewa Kopacz, Ministra de Salud de Polonia.
Parlamento polaco, 5 noviembre 2009.
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